SAN RAFAEL HISTORIA - PIONEROS

Carlos Troy
Carlos Troy

En el lugar donde hoy se encuentra el Banco Credicoop, en Hipólito Yrigoyen al 100, se hallaba una importante casa de negocios, una de las casas más tradicionales del San Rafael antiguo.

Fue un gran bazar donde se podían encontrar los objetos de adorno, platos o cubiertos más finos, más delicados, el mejor regalo a la vez que el asesoramiento más exacto y equilibrado de parte de su dueño o empleados, para casamientos o cumpleaños. Hace ya muchos años que cerró, tras la muerte de su titular, Natural Navarra. Se llamaba Casa Troy.

La historia de esta casa comenzó en 1858, cuando don Carlos Troy nació en París, Francia. En su juventud viajó a Chile, donde conoció a Raquel Peré, que también era francesa. Contrajeron matrimonio y en Concepción, donde se había establecido, nació su primera hija, a quien llamaron Blanca. Al tiempo se trasladaron al sur, a Temuco, y ahí nació su hijo Augusto.

En Chile escucharon hablar de la Colonia Francesa que existía en San Rafael y decidieron trasladarse, cruzaron la cordillera a lomo de mula, cuando aún sus “guaguas” eran pequeños, lo que fue toda una odisea, pero llegaron bien a San Rafael.

 

La tradicional Casa Troy

A fines del siglo XIX estableció sobre el Carril Nacional un negocio al que llamó Armería París, nombre que luego cambió por el de La Casa Gris y que finalmente llamó con su apellido: Casa Troy. En el periódico Ecos de San Rafael aparecía la publicidad de su negocio en 1903, donde se pueden leer los artículos que vendía y a qué se dedicaba: armería, cuchillería, afiladuría y hojalatería. Al transformarse en Casa Troy, frente al hotel Club, ofrecía surtidos de armas, balas, cartuchos vacíos, municiones, pólvora, máquinas de cargar cartuchos; tijeras de todas clases y de podar, cortaplumas, cuchillos y navajas, aparatos para la luz acetileno, lámparas de mesa de gas acetileno, carburo en piedra y en grano, surtidos en campanillas eléctricas, pilas y botones, teléfonos para corta y larga distancia, anteojos y lentes, relojes de pared y de bolsillo, despertadores de varias clases, artículos de hojalatería, tarros lecheros, regaderas para baños, faroles de mano y de bodega, especialidad en compostura de armas, máquinas de coser de toda clase y como nota final decía: “Toda navaja de afeitar, tijera, cortapluma o cuchillo comprado en la casa es afilado gratuitamente”.

De la lectura de todos los artículos que vendía, según el aviso publicitario, que son los objetos de esa época, nos podemos hacer una idea aproximada de cómo vivían, qué adelantos poseían, en especial comparando con lo que ahora tenemos. Con el correr de los años la casa se transformó en un importante bazar.

Cuando arribó el primer tren a San Rafael, Troy se encontraba entre los entusiastas propietarios que participaron en los festejos junto con sus amigos de Colonia Francesa, con los que también se reunía para festejar el 14 de julio, día de Francia. Lo celebraban con un almuerzo en el que bebían champán traído desde la lejana patria, aunque todos ellos se afincaron y ésta pasó a ser su nueva patria.

 

Sus actividades
Añorando su suelo natal, decidió hacer un viaje con su esposa y sus hijos, quienes asistieron a la escuela en París, pero la llegada de la Gran Guerra del '14 lo obligó a huir hacia la Argentina, donde había paz. Alcanzó a embarcarse en el último barco que partía para América, para establecerse nuevamente en San Rafael.

Don Carlos Troy fue un viajero incansable, amaba el mar y frecuentemente cruzaba a Chile para poder bañarse en las frías aguas del Pacífico. Recorrió muchos países europeos y contaba que había trabajado en la construcción del Canal de Suez.

Era muy serio, honesto, no aceptaba las injusticias; era hombre de palabra, como todos nuestros pioneros, en épocas en que sólo la palabra bastaba. Era muy hábil en las tareas manuales, le apasionaba la mecánica y siempre tenía muy ordenadas sus herramientas.

También le interesaba mucho la astronomía y había contagiado a su esposa su entusiasmo, por lo que en su casa poseía instrumentos de óptica con los cuales observaban el cielo. Un bisnieto heredó ese entusiasmo y hoy es doctor en astronomía egresado de la Universidad de Córdoba.

Su casa la hizo construir en calle Bombal. Estaba rodeada de un hermoso jardín, ya que amaba mucho las plantas y los animales. Pasaba las horas en su tallercito dedicándose a la mecánica. Le gustaba recorrer las calles sanrafaelinas y lo hacía en un triciclo, único en la zona, ya que tenía un pequeño motor que había pedido a Francia y en él se lo veía pasear por las calles de su ciudad adoptiva durante sus últimos años.

Falleció en San Rafael en 1944 y sus restos descansan en el Cementerio local. Sólo tuvo dos hijos: Blanca y Augusto. Blanca se casó con José Muriel y tuvo dos hijos, una hija y un hijo, Carlos, quien llevó el nombre del abuelo. Lamentablemente ya fallecieron. Augusto sólo tuvo una hija, Mirta, que no contrajo matrimonio y vivió en San Rafael.

Fue un gran comerciante de principios de siglo. En su negocio le sucedieron su hijo Augusto y su yerno José Muriel, este último se retiró de la sociedad y Augusto vendió la firma a los señores Francisco Muriel y Natural Navarra, los que mantuvieron mientras vivieron sin modificar la estructura del tradicional bazar, que fue punto de referencia y sitio donde comprar obsequios, los más finos y delicados.

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